Mundo ficciónIniciar sesiónMiré el sádico hombre con la cara desencajada por el dolor y la incredulidad. No acaba de entender como podía mantener su impertérrita sonrisa mientras colocaba el cuchillo en mi mano y me arrancaba una uña tras otra. Cuando acabó con el meñique de la uña derecha, pensé que iba a desmayarme de dolor, pero él me mojó la cara con agua fresca, y me dio unas leves palmaditas en la mejilla para que no perdiera el sentido.







