HENRICO ZATTANNI
Apoyo su pie izquierdo en mi muslo y termine de atar los cordones, tal como hice con el zapato en su pie derecho. Siento sus ojos ardiendo en mí todo el tiempo, pero me entretengo en la simple tarea de posponer mirarla a los ojos y hablar con ella.
Ahora que hemos follado, no estoy seguro de estar listo para una conversación. Ni siquiera sé si quiero tener uno. Cuando salí del auto y la perseguí, no tenía ningún pensamiento racional dando vueltas en mi mente aparte de confronta