AMELIA LEAL
— Buenos días. — La voz seductora y un poco ronca llega a mis oídos como una melodía perfecta, estirando los brazos levanto el torso y me siento en la cama, aún con sueño lo enfrento sonriendo.
— Buen día. — respondo, sin resistirme y bajando la mirada a su cuerpo semidesnudo y mojado. que visión. Sus labios están curvados en una sonrisa arrogante, porque sabe que gobierna mi mente tanto como gobierna mi cuerpo. Sus brazos y pecho están descubiertos y gotas de agua de su reciente ba