Brooke y Sonia parecían estar participando en un concurso de miradas porque, por varios segundos que parecieron interminables, ninguna de las dos apartó la mirada de encima de la otra. No les hacían falta las palabras para comunicarse que se odiaban a muerte y, sin duda se estaban retando, sobre todo después de las últimas palabras que Brooke le había dicho.
—Me parece que después de la aparición que has hecho en las oficinas de mi familia tengo el derecho de venir aquí ante ti ¿no te parece? —