Mientras Brooke continúa con aquel juego peligroso de querer envolver a Esteban y vencerlo, la situación de Massimo y Sol es un poco menos volátil. La chica de rizos rubios sabía cuál era su posición en la vida de Massimo, ser su asistente y darle lo que Brooke no podía, amor.
—Sol ¿puede venir a mi oficina? —le habló desde el intercomunicador.
En breves segundos, ella estaba frente a él, esperando sus órdenes.
—Dime Massimo ¿Qué se te ofrece? —él la observó de pie a cabeza, si ella supiese