Massimo quedó casi paralizado cuando Brooke lanzó su pregunta. Si a Alice le había costado cuestión de segundos en darse cuenta de lo que estaba haciendo con Sol, su mujer también lo haría, era una de las personas más hábiles que había conocido en su vida.
—Y… yo —comenzó a balbucear como un tonto buscando una excusa creíble que darle pero, por más que rebuscaba en su cabeza no daba con ninguna lo suficientemente buena.
—¡Brooke! —la voz de Sol resonó desde afuera de la oficina de Massimo.
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