85. NOCHE
Las campanadas del reloj anunciaban las cinco de la tarde, los chicos seguían jugando sin parar, nos dimos cuenta de que teníamos que asearlos. Al llamarles todos se acercaron en silencio, algunos tenían juguetes en sus manos, les explicamos que por ahora el juego había terminado, que debían recoger para bañarse.
Era sorprendente lo educados que estaban, pues sin protestar hasta los pequeñitos comenzaron a guardarlos en cajones que se introducían en las paredes detrás de las cortinas, nosotra