74. HORROR
Al escuchar mi grito todos saltaron asustados, sobre todo sor Inés, que se giró a mirarme, y avanzó siendo seguida por la extraña figura que al parecer solo yo y creo que Dolores podíamos ver.
—¿Qué es querida? No me hagas caso, ya me conoces, cuando se me mete algo en la mente lo sigo todo el tiempo. Ya sé que es imposible que esas estatuas de mármol se muevan. Pero casi puedo jurar que las vi moverse aquel día, no sé si fue el reflejo de la luz, o un juego macabro de las sombras y la luz, o