185. LA MADRE SUPERIORA
Desde una ventana en que me encontraba oculta, lo vi alejarse, rumbo a las caballerizas que estaban herméticamente cerradas, por lo que maldijo y se alejó a todo dar de su caballo.
—Estoy empezando a entender por qué no le gusta el capitán, señorita Ángel —me dijo el señor abogado mientras lo observábamos alejarse. —Él no está interesado en usted, sino en lo que tiene.
—¡Exacto! Muchas gracias por su ayuda. Mañana deben llegar las hermanas de mi colegio y podrá usted marcharse. La madre Super