Sebastián cerró la puerta del pequeño cuarto de servicio y esperó unos segundos antes de hablar.
Era una habitación sencilla, donde Juliana solía cambiarse de uniforme al comenzar y terminar su jornada. Allí no había lujos, apenas un armario, una banca de madera y un pequeño espejo colgado en la pared.
Por primera vez desde que todo había comenzado, estaban completamente solos.
Juliana seguía temblando, y las lágrimas continuaban deslizándose por sus mejillas mientras intentaba recuperar el air