El sol ya se había ocultado tras las montañas cuando Tabar dejó a Jabari ebrio durmiendo en el sillón de la oficina. Con paso tranquilo inicio el camino de regreso a sus aposentos. El licor de dátiles le había hecho doler la cabeza, pero sentir la fría piedra basáltica bajo los pies descalzos lo ayudaba a aclarar la mente.
—¿Cómo hago?¿Cómo le pongo fin a mi penitencia?—Su pregunta había sido sincera, casi desesperada.
—Debes ser honesto con Zarah. Eso es lo primero que debes hacer. Es una bue