Marianne salió del despacho de su padre con el alma hecha jirones.
El peso del encuentro con Daniel todavía la asfixiaba, y las palabras de Zacarías resonaban en su mente.
En el despacho, el silencio que quedó tras su partida era pesado.
Zacarías se quedó de pie junto a la ventana, observando la oscuridad del jardín donde, momentos antes, Daniel Lutton se había desmoronado.
Sintió la presencia de Camely a sus espaldas antes de escuchar sus pasos.
Ella se acercó y lo rodeó con sus brazos, hundien