Punto de vista de Mason
El frío era una bendición.
Atravesaba el fino algodón de mi camisa desabrochada, clavándose en mi piel como una aguja microscópica, pero lo agradecía. Necesitaba ese escozor físico para distraerme del cráter profundo y sangrante que se había abierto en el centro de mi pecho.
Caminé kilómetros. El cielo sobre Manhattan pasó de un púrpura amoratado y violento a un gris pálido e implacable mientras la ciudad despertaba. No sentía el cansancio de haber estado despierto duran