Punto de vista de Elena
El encuentro de nuestras bocas no fue una chispa. Para nada.
Fue un cataclismo.
En el instante en que mis manos se aferraron a las solapas de su traje azul marino y lo atrajeron hacia mí, la férrea contención que Mason había mantenido durante horas se rompió por completo y violentamente.
Hubo una fracción de segundo —una fracción microscópica— en la que se quedó paralizado contra mis labios, todo su enorme cuerpo rígido por la sorpresa. Pero duró menos que un instante. C