Punto de vista de Elena
Cuando me subí al coche, la puerta se cerró con un sonido que me pareció demasiado definitivo.
Mason rodeó el capó y se deslizó en el asiento del conductor sin prisas, pero sus movimientos seguían siendo tensos y controlados, como si la casa nos hubiera seguido hasta la calle y se hubiera instalado en algún lugar entre sus hombros. Había insistido en llevarme a casa, diciendo que él se llevaría su coche más tarde.
No sabía qué pensar de su ayuda.
Para ser sincera, me res