Punto de vista de Elena
El agua hirviendo de la ducha me golpeaba los hombros, convirtiendo el baño en una espesa nube blanca de vapor.
Me quedé bajo el chorro un buen rato, dejando que el calor me calara hasta los huesos, intentando borrar el persistente y visceral escalofrío del océano negro de mi sueño. La adrenalina que me había impulsado a levantarme de la cama aún vibraba en mis venas, una energía frenética y vibrante que exigía acción inmediata.
Vuela a Londres. Derriba la puerta. Sálval