Capítulo 16. Peligroso desafío.
Adrian entró a la habitación y cerró la puerta tras él con un movimiento lento, sin perderla de vista. Dentro, las sombras los rodearon, solo entraba la luz que podía colarse a través de las cortinas de tela liviana.
El sonido seco del cerrojo hizo que Elena contuviera la respiración.
—Explícame —dijo él, sin alzar la voz—. Ahora.
Elena sintió que las manos le temblaban. El gancho de pelo seguía entre sus dedos, frío y acusador. Buscó con la mirada una salida que no existía.
—Yo… —tragó saliva—