Además de las píldoras, Thomas también balanceaba un colgante ante sus ojos para hipnotizarla.
Apenas podía mantener su conciencia clara y ni podía decir siquiera dónde estaba. Incluso se olvidaba de quién era a veces.
¡Ella ya no quería volverse en una zombi sin sentido!
Thomas sonrió.
—No te preocupes. Este de aquí no robará tu conciencia, no tiene veneno.
Los labios de Sylvia permanecieron apretados.
—¿Pensé que querías irte? —él dijo.
La expresión de Sylvia cambió.
—¿Puedes