Se acercó a ella de nuevo, cada vez más cerca.
La mirada de Sylvia se movió, pero no la evitó esta vez.
Ella estaría de acuerdo en dejar que le tocara la cara si él accedía a dejarla ir.
Como ella no mostró intenciones de evitar su toque, él le acarició la cara y dijo suavemente:
—Sylvia, ustedes dos pasaron por muchas cosas juntos y él todavía no confía en ti. Te odia, no es un hombre en el que puedas confiar.
Sylvia apartó su mano de un golpe.
—No, él confía en mí y le gusto. Él