Temprano en la mañana.
—¡Guau! ¡Hay tanta nieve! ¡Liam, sal y juega! —Isabel salió disparada de la sala de estar y saltó como un conejo en el patio cubierto de nieve.
En la casa vecina, la habitación de Sylvia.
La despertó el sonido familiar de los llantos de Isabel y rápidamente se levantó de la cama.
El dormitorio estaba sumido en la oscuridad. Era como si todavía estuviera en medio de la noche.
Podía oír claramente la voz de Isabel que venía del exterior. Le estaba diciendo a Liam q