Sylvia le revolvió el cabello y preguntó:
—Liam, ¿por qué estás parado allí?
—Para nada. —Liam la miró y dijo—: Mami, el tío está aquí.
—Está bien, bajemos las escaleras —dijo mientras tomaba la mano de Liam.
Liam miró su rostro y notó los círculos oscuros y pesados debajo de sus ojos, clara evidencia de su falta de sueño.
Reflexionó que nunca debería haber dejado que Isabel bajara. Debían ser sus gritos los que despertaron a su madre.
Hizo un gesto sutil y silencioso y restauró la e