Estaba al nivel de un pintor de clase mundial, que era el nivel en el que de hecho se encontraba.
Sylvia volvió a preguntar:
—¿Te gusta?
Thomas la miró y dijo:
—Sí.
—Entonces es tuya. Sin embargo, la pintura aún necesita secarse. Te la enviaré cuando esté seca. —Ella movió el tablero de pintura al respiradero a un lado.
Sus ojos parpadearon.
—Gracias.
Sylvia dijo prontamente:
—No me agradezcas. Te debo mucho más que esta pintura.
El no dijo nada.
Sabía que él era alguien a