Sherry permaneció quieta en su oficina por un tiempo. No fue hasta que uno de sus empleados llamó a su puerta, alertándola sobre la lluvia que se acercaba y cuestionando su demora en irse, que salió de sus pensamientos.
Al mirar hacia afuera, notó el cielo que se oscurecía, una vista inusual para esta hora del día.
Haciendo caso omiso de sus contemplaciones, se puso de pie.
Poco después empezó a llover, no un aguacero torrencial, pero sí lo suficiente como para provocar retrasos en el trá