Caprice se había recuperado, aunque sus ojos seguían hinchados por el llanto anterior. Ella expresó:
—Mami, quiero ir contigo.
A Sherry le resultó imposible resistirse a su sincera súplica.
Con una sonrisa, Sherry asintió:
—Está bien.
Estaba segura de que Lisa y Carl no representaban ninguna amenaza.
Al salir del auto, recuperó a Caprice, quien se aseguró de despedirse de su padre:
—Adiós, papá.
John, reclinado perezosamente en el auto, sonrió:
—Nos vemos.
Le lanzó una mi