Sherry se quedó inmóvil.
John sonrió.
—¿No quieres almorzar?
Sherry suspiró. Cogió la tetera y le llenó la taza de té.
Cuando la copa estuvo llena, John extendió su mano al aire.
—Tráemela.
Sherry quería echarle el té en la cara, pero por disfrutar del delicioso almuerzo en el comedor de empleados, Sherry le pasó con cuidado la taza llena de té.
John se lo terminó de un par de tragos y siguió leyendo el periódico.
Sherry frunció el ceño. Había dicho antes que iba a trabajar, pe