Antes de que Odell pudiera hacer su próximo movimiento, Sylvia saltó rápidamente de la cama y fue al vestidor para cambiarse.
Odell la observó en silencio.
En un instante, toda la lujuria en su interior desapareció. Miró a Flint.
Flint dejó de reírse repentinamente y miró a su padre. Sus ojos se ensancharon en dos grandes canicas reflectantes.
El padre y el hijo se miraron el uno al otro antes de que Odell fuera a buscarlo.
Flint comenzó a gritar:
—Mamá, mamá...
La cara de Odell s