—Iris se quedará en la habitación de invitados, así que tú puedes quedarte con el sofá. —Kate señaló cordialmente el espantoso sofá amarillo con rosas rojas y rosadas en el respaldo que tenía en su sala.
—¿De qué basurero sacaste esa cosa? —Él miró el mueble con obvio desagrado, recién notando bien el espantoso estampado ya que Kate nunca se molestó en cambiar los muebles que le dejo Rosalinda.
—Venía con la casa. —Rodó los ojos–. La dueña anterior no tenía el mejor gusto, por decir lo menos.