Lugh sintió que esa pregunta lo mataba, cargó a Celestia entre sus brazos.
—Yo soy tu padre, Celestia.
—¡Ya cállate! —exclamó Lugh con rabia.
—¡Papito, no grites! —exclamó Magnolia acercándose a ellos, sollozando, asustada. Clyde abrazó a su hermanita.
Cornelius observó la escena y salió de ahí.
—Lo siento, hijos, estoy un poco alterado.
—No me importa, papito, tú siempre serás mi único papito en el mundo —dijo Celestia y abrazó a Lugh
Lugh la abrazó con fuerza.
—Mi pequeña, siempre te a