—¿Firmarás o no, mujer?
Vanessa asintió.
—Firmaré.
Harrison las dirigió a una sala, donde puso los papeles sobre la mesa, y le indicó a la mujer donde firmar.
Las manos de Vanessa temblaron al tomar el bolígrafo, no se detuvo, firmó en cada parte que le indicaron.
Harrison tomó los papeles.
—No quiero trampas, Marbella —sentenció
La mujer negó
—¿Y cuál es ese secreto sobre tu supuesto cómplice que ibas a decirme?
Vanessa esbozó una gran sonrisa.
—Tu enemigo real no soy yo, querida, es