Bryce salió a toda prisa, sentía como la ira lo controlaba, estaba enloqueciendo.
Condujo hasta la mansión Ackerman, tocó la puerta, casi derribando el portón, hasta que el guardia habló.
—¡No puede pasar! Han dado la orden de que usted no puede entrar.
Bryce golpeó al guardia, que cayó al suelo despavorido, entró corriendo.
Mientras el guardia llamaba a más hombres para que le ayudaran a detenerlo.
Cuando entró en casa, no encontró a nadie, pero al caminar al salón principal encontró a Cor