Marina.
El sabor amargo de mi saliva resbaló hasta la boca del estómago, en el cual quemó. De solo ver la risa victoriosa dolió aún más. No pude pensar en alguna excusa del porqué solté mis libros, que aún estaban tirados en los escalones. Tan solo atiné a recogerlos como me lo pedía mi cara ardiendo, darle un descanso y salir corriendo.
__ ¿Te sorprende, querida? - preguntó Marlene con mucha confianza. - ¿No es eso lo que pasa cuando se folla sin condón?
__ Exacto. - recalcó George. - Tu y yo s