Capítulo 60. Un santuario
Petra, con su porte característico de arrogancia, mira a Adelaide de pies a cabeza con una sonrisa en el rostro.
—Ya se le está haciendo costumbre atender a las amantes de su esposo. Tal parece que usted no le parece para nada atractiva, por eso prefiere tener a otras —Le dice a Adelaide al oído.
—¡Vete de aquí, Petra! —Irene le ordena con voz firme. Algunos de los guardias se ponen en alerta al escucharla.
Petra se retira del lugar sin perder la sonrisa de triunfo en el rostro. Los ojos de Ade