Capítulo 61. Nadie puede tenerlo
—Este lugar es hermoso —dice Adelaide tan suave que Egil apenas logra oírla. A su espalda la observa detenidamente mientras ella recorre paso a paso el sitio.
De cierto modo, Egil refleja a su madre en Adelaide. A ella también le gustaba leer novelas y llevar vestidos y maquillajes sencillos. Su tía Irene le contaba historias de ella cuando era niño, de cuanto amaba las plantas y lo servicial que era con los más necesitados.
Adelaide se encuentra tan ensimismada mirando algunos de los muchos li