Mario y Amelia fueron a la habitación de Pedro, él puso una lánguida sonrisa cuando los vio juntos con sus trajes de bodas. Se quitó la mascarilla de oxígeno con la voz débil les dijo:
—Ya están unidos, como Dios manda. —Amelia se inclinó y le dio un beso en la frente.
—Si papá, ya puedes estar tranquilo.
—Ya puedo morir en paz.
—No, tienes que mejorarte, aún te falta conocer a tu nieto. —Mario agregó:
—Debe aferrarse a la vida, Amelia y yo queremos que usted conozca a nuestro retoño.
—Nadie