Mario llegó a la casa buscando a Amelia, ella estaba aún encerrada en la habitación. Mientras una de las ayudantes de la cocina subió a llamarla, Rosalía llegó a la sala agarrándose un mechón del cabello.
—Y aquí está el mero macho buscando a la mujer que se burló de él en su propia cara con otro hombre. —Mario arrugó el ceño y la miró con desagrado.
—Si, vine a hablar con Amelia, tú lárgate de aquí.
—No puedes echarme de mi casa.
—Esta casa es de Amelia.
—No, es de Pedro y de mi mamá.
—Pedro l