Capítulo noventa y nueve. Promesas
DUBÁI
La confusión solo duró unos segundos en Nayla y ante las acciones de Ahmed, solo pudo corresponder el beso con la misma pasión con la que fue tomada. Nayla no quería pensar en nada más que en ese momento, había esperado tanto tiempo por, que Ahmed viniera que ahora creía que podía ser incluso un producto de su imaginación.
Las manos de Nayla se aferraron al cuello de Ahmed cuando sintió que él aflojaba su agarre y sus labios se separaban por un breve segundo para coger aire. Los dedos de