—¡¿Por qué dices esto, Emerson?! —exclamó ella aún envuelta en las mantas.
—Esto no debió pasar, ¡Soy tu hermanastro, Anya! No podemos estar juntos, esto se siente mal.
—¡Ah, y ayer! No parecía tan mal, ¿Verdad?
—Anya, ayer fue un error, perdóname.
Ella le miró con rabia.
—¿Me llamas un error? ¡Me entregué a ti por amor! —exclamó. Él la miró incrédulo—. Te amo con locura, Emerson, te amo desde que te vi, ahora dime, ¿Por qué no puedes amarme?
Ella intentó acercarse, él se alejó.
—No puedo