Mundo ficciónIniciar sesiónLia, que se había levantado temprano para quemar un poco de su coraje en la caminadora, mira ahora su celular con rabia después de cortar la llamada. Respira agitadamente, pero no es por el ejercicio, sino por la impotencia que la consume. Ese hombre al que amó todos estos años ni siquiera se digna a llamarla él mismo, ni una sola palabra directa, ni una explicación. En su lugar, manda a su secretaria, como si fuera una extraña más, como si nunca hubiera significado nada en su vida.
Ríe irónicamente, una carcajada seca que muere rápido en sus labios. Claro que no es nada. Por eso su identidad siempre estuvo oculta para todo el mundo. Para todos, solo era la amable y eficiente secretaria del poderosísimo señor Storme. La mujer que hacía hasta lo imposible para facilitarle la vida, la que conocía cada detalle de su agenda, cada gusto y cada capricho. Nadie debía saber que, detrás de ese papel, había una relación, un corazón entregado, una vida compartida. Ahora, todo lo que le queda es esa sensación amarga de ser el hazmerreír de la familia Storme.
Se aparta el cabello húmedo de la frente y se dirige a la ducha. Permanece bajo el agua por largo rato, como si, con cada gota, pudiera borrar la rabia y el dolor que la atraviesan. Al salir, se envuelve en una toalla y se mira al espejo: sus ojos hinchados le recuerdan lo pasado la otra noche, pero ya no tiene lágrimas. Ahora solo queda determinación.
En la cocina, se prepara una taza enorme de café y vuelve a su habitación para sentarse frente a la computadora portátil. La pantalla en blanco le devuelve un vacío que la inquieta, pero sabe que debe llenarlo pronto. Necesita encontrar un trabajo con urgencia. Todos sus ahorros se esfumaron pagando la deuda que habían dejado sus padres por la hipoteca de la casa. Recuperar ese lugar, lo único que quedaba de ellos, fue una prioridad que la dejó sin nada. Ahora, si quiere sostenerse, tiene que generar ingresos cuanto antes. No piensa vivir de la caridad de Yvy, aunque su amiga jamás le daría la espalda.
Suspira hondo. Durante años se obligó a dejar de lado su sueño de diseñadora de modas para dedicarse a Axel y a su carrera. Todo lo que había querido construir para sí misma quedó relegado a un segundo plano, guardado en cajas polvorientas. Pero esa etapa terminó. Es hora de retomar su vida, aunque tenga que empezar de cero.
Abre las cajas que llevaba demasiado tiempo sin tocar en esta esquina de su antigua habitación. Allí están sus bocetos, algunos incompletos, otros con tendencias que ya pasaron de moda, pero nada está perdido. Con algunos retoques, puede convertir esas piezas en propuestas frescas y listas para la venta.
Sonríe apenas. Por suerte, Yvy siempre está dispuesta a ayudarla. Con un poco de suerte y mucho esfuerzo, podría exponer algunas de sus creaciones en la tienda de su amiga en las próximas semanas. Además, Yvy tiene contactos en la industria que podrían abrirle puertas que sola no podría tocar.
Justo entonces escucha un golpecito en la puerta. Yvy aparece allí, elegante como siempre, lista para salir hacia su tienda. Lia la observa de pie en el umbral, con ese porte firme y seguro que siempre la caracterizó. Han pasado tantos años desde que se conocieron en la secundaria, pero, en su esencia, nada ha cambiado. Yvy siempre supo lo que quería y lo consiguió.
Lia recuerda cuando su amiga abrió la tienda, con un presupuesto mínimo y mucha ilusión. Fue ella, Lia, quien diseñó las primeras piezas que colgaron de los percheros. Juntas soñaron con crecer, con llegar lejos. Pero, en el camino, Lia abandonó su sueño para seguir a Axel. Yvy, en cambio, siguió adelante, paso a paso, hasta convertirse en la gran empresaria que es hoy.
Lia suspira otra vez, pero esta vez no es de rabia, sino de convicción. Quizás aún no todo esté perdido. Tal vez pueda volver a empezar.
Le ofrece una sonrisa a Yvy, aunque por dentro sigue molesta y cansada. Esa sonrisa apenas disimula la mezcla de rabia y tristeza que aún arrastra, pero al menos evita que su amiga vea toda la tormenta que lleva dentro.
—Imagino que ahora que ya no tienes un marido multimillonario y militar de alto rango por quien desvivirte, te vas a dedicar de nuevo a diseñar —comenta Yvy, con ese tono directo que siempre la ha caracterizado.
Lia baja la mirada. Sabe que su amiga no lo dice con maldad, pero le duele porque es cierto. Durante años, Yvy le reclamó por dejar que su vida girara solo en torno a Axel. Le advirtió que ningún hombre valía tanto sacrificio, que no debía renunciar a lo que amaba. Pero Lia no quiso escuchar. Estaba ciega. Lo entregó todo y, al final, lo único que recibió fue la humillación de su parte. Ahora, demasiado tarde, entiende que su amiga tenía razón.
—Tu talento es innegable, amiga —continúa Yvy, con voz más suave—. Pero necesito que esta vez te comprometas de verdad. No quiero quedarme sola de nuevo. Sabes que él, tarde o temprano, vendrá por ti. ¿Estás dispuesta a quedarte y rechazarlo?
Lia suspira profundamente. No puede evitar que el aire le salga cargado de cansancio. Luego asiente con la cabeza.
—Sí. Estoy dispuesta.
Yvy la observa con atención, como si quisiera leer más allá de sus palabras.
—Hay mucha competencia ahora —explica—. Vender una colección es muy difícil. Y no olvides a Ravenna Drayle. Sus diseños están por todas partes, y, con su relación con Axel expuesta en internet, la mayoría ya la ve como la futura esposa del comandante. Eso hace que todo lo que ella toca se venda como pan caliente. Todos quieren agradarla.
Lia hace una mueca amarga. Siente un dolor agudo en el pecho, pero lo disimula. La idea de Ravenna ocupando un lugar que fue suyo la carcome, aunque se niega a darle más espacio en su mente. Ya no hay nada que pueda hacer.
—Pondré toda mi atención y mi talento desde hoy —responde con firmeza—. Confía en mí.
Yvy sonríe un poco, pero no del todo convencida. Da un paso hacia ella y la señala con un dedo en el pecho, justo sobre el corazón.
—Yo confío en ti, amiga. En quien no confío es en este. ¿Qué haremos si nos traiciona?
Lia cierra los ojos un instante y después responde con firmeza:
—Lo mantendré bajo llave. No dejaré que salga bajo ningún concepto. La Lia Rowan que Axel conoció ya no existe.
Yvy asiente satisfecha. Una sonrisa se dibuja en su rostro.
—Perfecto. Entonces, termina esos diseños y veremos qué se puede hacer con ellos, si tienen alguna oportunidad real. También hablaré con algunos posibles inversionistas. Si encontramos apoyo, el camino será más fácil.
Lia siente un alivio momentáneo. La seguridad de Yvy es contagiosa y le da fuerzas para empezar de nuevo.
Ese día no sale de la habitación. Se encierra entre papeles y bocetos. Pasa horas revisando, corrigiendo, trazando nuevas líneas. Sus manos se mueven sin descanso, pero no es solo trabajo: es también una forma de olvidar. Cada trazo es una decisión de vida, un recordatorio de que no puede volver atrás.
Yvy tenía razón desde siempre. Ya no puede dejarse llevar por la fantasía del amor. Lo que importa ahora es construir algo suyo, algo que nadie pueda arrebatarle, una identidad propia y no ser la esposa invisible. Su amiga cree en su potencial y Lia no está dispuesta a defraudarla de nuevo.
El futuro está en sus propias manos.
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