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Capítulo 10. Lo justo o lo correcto

La realidad golpea con fuerza a Lia. Ahora todo cobra sentido. Nada de lo que ella siente, nada de lo que sufre, le importa a Axel. Él solo piensa en mantener su imagen perfecta, esa que tanto cuida frente a los demás. La del nuevo comandante impecable, el hombre que todo lo controla. Y junto a él, por supuesto, Ravenna. Su nueva pieza de exhibición.

Lia respira hondo, pero el aire le quema. Lo entiende todo ahora: por eso él no dudó en defender el honor de Ravenna aquella noche y dejarla a ella expuesta. No le importó manchar su nombre ni que la prensa la señalara como una cualquiera. Lo único que le importaba era proteger la apariencia de Ravenna, mantener a salvo su reputación. Ella no era nada. Lo había dicho él mismo. Y, por primera vez, Lia lo cree.

Se suelta bruscamente del agarre de Axel.

—¿De qué casa habla, comandante Storme? —pregunta con voz firme, aunque su corazón late con fuerza—. ¿Qué se supone que debemos charlar? Las cosas quedaron muy claras aquella noche. Ya no tenemos nada que decirnos. Todas sus palabras están grabadas en mi cabeza.

Axel intenta responder, pero Lia no le da tiempo.

—No se preocupe —continúa; su tono se quiebra apenas—. Ya me hice a un lado para que pueda hacer su vida sin contratiempos. Ámense sin tener que esconderse.

Las palabras caen como un golpe. Axel se queda mudo, observándola con desconcierto. En su rostro hay algo que no logra ocultar del todo: sorpresa. Tal vez incluso remordimiento. Pero Lia no busca interpretarlo. Ya no le interesa.

—Lia… —murmura él, casi en un susurro.

Ella no responde. No lo mira. Simplemente se da media vuelta y se aleja.

Cuando llega a la mesa, Yvy la espera. Su amiga nota enseguida la tensión en su rostro, ese gesto serio que intenta mantener bajo control.

—¿Estás bien? —pregunta, aunque la respuesta es evidente.

Lia asiente en silencio y deja los cafés sobre la mesa.

—Según escuché a unas empleadas —dice Yvy en voz baja, mirando hacia el otro lado del salón—, esta doble reunión fue pedida por tu ex.

Lia levanta la vista.

—¿Por Axel?

Yvy asiente con una mueca de disgusto.

—Sí. Al parecer, Berenice realmente estaba considerando elegirte a ti. Pero, como él se enteró, pidió que hicieran una nueva evaluación con ambas diseñadoras.

Lia aprieta los labios en una línea fina. El enojo vuelve a subirle por dentro, pero esta vez no la paraliza. La impulsa. Si Axel cree que puede manipularlo todo, está equivocado. No piensa darle el gusto de verla caer. Si Berenice Arrabal la eligió una vez, puede volver a hacerlo. Y ahora, más que nunca, Lia está decidida a demostrar que no necesita a nadie para brillar.

El murmullo en el salón se detiene de pronto cuando Berenice entra, acompañada por su asistente y su prometido, Alessio Fontaine, un empresario joven que parece salido de una portada de revista. Detrás de ellos, los padres de ambos conversan en voz baja, observando todo con atención.

Berenice se acerca con elegancia y una sonrisa amable.

—Señor comandante, qué placer tenerlo en nuestra casa —dice, dirigiéndose a Axel con ese tono educado y cortés que solo usa en eventos sociales—. Señorita Ravenna, bienvenida.

Ravenna sonríe de inmediato, segura de que el trato cordial es una buena señal.

—Por favor, tomen asiento —continúa Berenice—. Iré a saludar a la señorita Rowan y pedirle que se aliste, así podemos iniciar con las muestras.

Axel frunce el ceño al oír el nombre.

—¿Rowan? —repite en voz baja.

La confusión se dibuja en su rostro. ¿Lia está allí por las muestras? ¿Ella es la otra diseñadora?

Sus ojos se mueven de inmediato, buscándola entre la gente. La encuentra al fondo, junto a Yvy, revisando una carpeta y señalando algunos bocetos. Parece tranquila, incluso serena. Nada queda de la mujer alterada de hace unos minutos.

Ravenna nota la mirada de Axel y su expresión cambia. No quiere que sepa que ella planeó todo esto.

—Axel —dice bajito, fingiendo sorpresa—, no entiendo qué pasa. No sabía que Lia era la otra diseñadora ni que Berenice estaba pensando en darle el trabajo.

Axel la mira con el ceño fruncido. Por un instante, parece realmente confundido.

—¿De verdad no sabías nada? —pregunta, casi incrédulo.

Ravenna parpadea rápido, fingiendo inocencia.

—Por supuesto que no. Si lo hubiera sabido, te lo habría dicho.

Pero Axel no responde. Mantiene la mirada fija en Lia, que ahora se pone de pie con calma para prepararse.

Ella siente el peso de su mirada, pero no se inmuta. Se acomoda el blazer, respira hondo y toma su carpeta. Está lista.

Axel, en cambio, no se siente tan tranquilo. Por primera vez, la ve realmente distinta. Libre. Segura. Y, aunque no lo quiera admitir, eso lo incomoda más que cualquier cosa.

La voz de Berenice resuena con claridad en la sala, imponiendo un silencio inmediato.

—Señorita Rowan, por favor, puede comenzar con su presentación.

Lia se pone de pie con calma. A pesar de los nervios que la recorren, se muestra segura. Su postura, su tono de voz, su manera de sostener la tableta entre las manos, todo transmite serenidad. Empieza a hablar con naturalidad, como si lo hubiera hecho mil veces.

Explica cada detalle de su diseño, el concepto, los materiales, los cortes, el simbolismo de las líneas que componen la pieza. Esta vez se apoya en una tableta, mostrando una proyección tridimensional que permite observar el vestido desde todos los ángulos. La familia Arrabal presta atención. Berenice la escucha con genuino interés, interviene con preguntas y Lia responde una a una con paciencia y claridad.

A medida que avanza la exposición, la tensión en la sala disminuye. Incluso los padres de los prometidos intercambian miradas de aprobación. Cuando Lia termina, hay un murmullo generalizado de aprobación. Ella sonríe con discreción, inclinando la cabeza en agradecimiento.

—Muchas gracias, señorita Rowan —dice Berenice, con una sonrisa amable—. Su trabajo es realmente impresionante.

Lia asiente y regresa a su asiento junto a Yvy, que la mira con orgullo.

Luego llega el turno de Ravenna. Acompañada de su asistente, se pone de pie con una sonrisa calculada. Empieza su exposición con el mismo discurso de la vez anterior. Su tono es pausado, pero hay algo mecánico en su manera de hablar. Muestra las mismas láminas, repite las mismas ideas, incluso los mismos gestos.

Berenice mantiene la compostura, aunque es evidente que ya conoce el contenido. Sus padres y los del prometido escuchan en silencio, pero la comparación es inevitable. La diferencia entre ambos trabajos es clara. Ravenna confía demasiado en su nombre, en su reputación, en lo que siempre le ha funcionado. Pero hoy eso no basta.

Axel observa desde su lugar, con el ceño ligeramente fruncido. No entiende mucho de moda, pero no necesita ser experto para notar que el diseño de Lia es superior. La presentación, la técnica, la creatividad, todo se ve más cuidado. Sin embargo, la palabra que le dio a Benedict Arrabal pesa sobre él como una cadena. No puede retractarse sin quedar mal. No puede arriesgar su imagen, justo ahora, en pleno ascenso.

La familia conversa en voz baja por varios minutos. Berenice intercambia opiniones con su prometido, con sus padres, incluso con su asistente. Axel intenta mantenerse al margen, aunque la inquietud se refleja en su rostro.

Finalmente, Berenice se levanta, pidiendo la atención de todos.

—Señoritas, quiero agradecerles por su tiempo, su esfuerzo y el talento que demostraron. Ambos diseños son espectaculares. Ya los había visto antes y quedé encantada. Esta segunda reunión fue necesaria para tomar una decisión definitiva.

Ravenna se inclina ligeramente hacia Axel, apoyando su mano en su brazo. Le susurra algo que nadie más escucha y sonríe con seguridad, convencida de que el resultado ya está decidido a su favor.

Berenice continúa:

—Ravenna, tu propuesta es realmente preciosa. Sin duda, tienes mucho talento. Pero esta vez… voy a elegir el diseño de la señorita Rowan.

El silencio es inmediato. Solo se rompe cuando Yvy se levanta de la silla y abraza a Lia con emoción. Lia sonríe, aún incrédula, mientras Berenice se acerca para estrecharle la mano con un gesto cálido.

En cambio, Ravenna se queda inmóvil. Su rostro se contrae en una expresión de desconcierto que intenta disimular con una sonrisa tensa. Parpadea varias veces, se aclara la garganta y se recompone.

—Fue un honor para mí diseñar para usted, señorita Arrabal —dice con voz suave—. Prometo mejorar, así podré ofrecerle mis servicios en otra ocasión. Lamento no haber cumplido con sus expectativas.

Berenice le agradece con cortesía, pero su atención ya está centrada en Lia.

Entonces Ravenna gira el rostro hacia Lia, mostrando su habitual dulzura fingida.

—Felicidades, Lia. —Luego mira a Axel, que sigue observando en silencio—. Lo siento, Axel. Te hice pasar vergüenza frente a tu socio. Los Arrabal son tan importantes… igual que tú. Me siento muy mal por no estar a la altura y ponerte en este aprieto que podría afectar tu imagen.

Un par de lágrimas bien medidas resbalan por sus mejillas. El silencio de la sala se vuelve incómodo.

Axel carraspea, visiblemente tenso.

—Me encargaré de costear la fiesta en el salón el día de la boda —dice de pronto, dirigiéndose a Berenice y a su padre—. Todo irá por mi cuenta. Será un evento de primer nivel… si decide usar el diseño de Ravenna.

El corazón de Lia se encoge al escuchar esas palabras. Por un instante, siente que todo el aire del salón desaparece. Había ganado con esfuerzo, con mérito propio, pero Axel, como siempre, intenta torcer la balanza a su favor.

Yvy lo mira con indignación, pero Lia no dice nada. Solo aprieta los labios y sostiene la mirada de Berenice, que parece evaluarlo todo con atención.

Lia entiende, una vez más, que para él lo justo o lo correcto nunca ha sido una prioridad. Solo su conveniencia.

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