Elion rompió el beso con lentitud, respirando aún el aliento de Serena antes de erguirse con la majestuosidad implacable de un monarca en guerra.
Su mirada, antes tibia por la pasión, se convirtió de nuevo en dos témpanos de hielo al dirigirse a los hombres que aguardaban tras el umbral destruido.
—Llévense a este hombre fuera de aquí —ordenó con una voz helada que resonó en el pasillo.
Los guardias de élite, curtidos en mil batallas, pero atónitos ante la escena de ejecución que acababa de pres