La mañana había comenzado con una tranquilidad extraña para Elena Hart. Mientras el resto del país parecía estar completamente concentrado en las declaraciones de Sebastian King, ella permanecía sentada en el sofá de su departamento con una taza de café entre las manos, observando las noticias sin que su expresión revelara la más mínima agitación. En la pantalla aparecía una y otra vez el rostro de su exesposo, hablando frente a decenas de periodistas y defendiendo su nombre con una firmeza que