Su tono de voz era firme y frío.
-Veo que has cambiado.
Te felicito, te sentó bien el divorcio.
-No vine a que te burles de mi estado civil, Ammelie.
-¿Entonces a qué has venido?
Si no es para eso, no imagino que es lo que puedas venir a hacer aquí.
Cerré mis puños.
-No sé cuál sea tu secreto o tus secretos. Sin embargo, ya no tienes que fingir conmigo para protegerlos.
Sé que no me odias y que lo que dijiste de mí hace años no es lo que realmente hay en tu corazón, no sé si nuestra relación vu