Esa tarde, más bien, nos fuimos de largo, dormimos toda la tarde y la noche mientras lloramos.
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-Buenos días princesita...
¿Cómo amaneciste?
-Buenos días pap...
¿Puedo seguir llamándote papi Vlad?
Los hinchados ojos de Amor lo miraban ilusionados.
-Claro que puedes, eres mi hija Amor, siempre lo vas a ser y siempre podrás llamarme papá o papi Vlad.
-¡Uuugh!
¡Sniff, Sniff!
Salí de la cama y los dejé ahí, ella lloraba y él acariciaba su cabello.
Me metí al baño y lloré en silencio