Tenía mucho que decirle a Ammelie y sabía que ella a mí también, pero no me aguantaría las ganas aunque ella también me recriminara cosas.
-Ja...
Así como te importó a ti serle fiel...
¿Crees que eres el único aquí que tiene derecho a reclamar?
Sí, sé que no soy una buena hermana y la verdad me tiene sin cuidado lo que tú pienses de mí, yo le advertí que no se casara contigo y estas son las consecuencias, un corazón roto y un matrimonio de mierda.
Y ahora quién debe lidiar con eso no eres tú, porque obviamente la gente no dirá que Emma te dejó por gordo, por infiel o por patán, dirán que tú la dejaste por gorda, porque te avergonzaba, porque era muy poca mujer para ti cuando el poco hombre eres tú.
-Creo que usted tampoco está en muy buena posición para hablar de esa manera Ammelie y se lo digo con todo el respeto del mundo.
Porque hasta dónde yo sé, Emma se marchó a Londres a buscarla y me temo que usted no la recibió con amabilidad.
-¿Disculpe?
¿Quién es usted para venir a hablarme