Mis manos temblaban de los nervios, me acerqué a Emma, no tenía otra opción más que presenciar todo, de todas maneras ya le había dicho que tenía algo que decirle.
-Por cierto, ¿qué era lo que me ibas a decir?
Me preguntó mientras se sentaba en la cama con la caja sobre las piernas, parecía que el enojo se había disipado y me alegraba, no me gustaba que estuviéramos peleadas, siempre que lo hacíamos era mi culpa y Emma daba miedo cuando se enojaba.
Tragué saliva.
-Yo...
Yo...
-Espera, iré