Me arrinconó en el mostrador y me besó en los labios, por un momento nos olvidamos de toda la gente en el lugar y nos entregamos a ese beso, nuestros labios tocándose, nuestras lenguas húmedas acariciándose y las manos de Adam en mi cintura porque aunque no lo crean si tengo cintura y es pequeña.
Hacía tiempo que no nos besábamos, doce días más o menos, pero para mí había sido una eternidad.
-Es mejor que nos vayamos Hielena.
-Pero Nath...
-Vámonos, venimos otro día, esto no es urgente.
-Pe