~ Narra Alistair ~
No reaccionó.
En mi pecho había un peso que no era solo físico: la sorpresa se arremolinaba en mis ojos y un mar de preguntas me atravesaba la cabeza —¿por qué? ¿por qué lo había hecho? ¿por qué había tomado la bala por mí?—, pero ninguna palabra encontraba salida. Estaba en trance, aferrado a ella, mientras el mundo a nuestro alrededor se desmoronaba en gritos y metal.
La iglesia, que apenas instantes antes parecía inmóvil, se llenó de alaridos y del crujir de las balas. Si