—Estar conmigo fue tu decisión. No mía. Si ella estuvo o no después del accidente tampoco es tu asintió ella iba a ser mi esposa, no mi infernera.
El golpe fue directo. Sin suavizar. Ailen sintió lágrimas acumularse, pero no permitió que cayeran.
—¿Por qué eres tan cruel con tus palabras?— pregu