Pero asintió.
Tomó asiento cerca de Marcia mientras Amelia y Abigail permanecían en el suelo sobre la alfombra.
Alexander habló con calma.
—Vamos a trasladarnos a Francia.
La nana guardó silencio unos segundos.
Luego asintió lentamente.
Como si ya lo hubiera imaginado.
Helen continuó: