—¿Sí?
La voz del investigador era firme. Profesional. Helen apretó el teléfono con más fuerza.
—Soy yo.
No hizo falta decir su nombre.
—Señora Carusso.
Un leve cambio en el tono.
Respeto.
Atención.
—Voy a viajar a Jeju.
No era una pregunta, era una afirmación. El hombre guardó sile